¡CALAMITY! Es la única palabra que se me viene a la cabeza
para describir el martes.
Como no, eso tampoco fue así. Llegamos allí (que era una
especie de descampado) y vimos del orden de 5 filas con 20 o 30 personas cada
una, esperando taxis. Por lo que no nos quedo más remedio que cambiar de plan, e
irnos en busca de un taxi a la carretera, o mejor dicho, a la mediana de la misma. A todo esto, se nos puso a
llover. La tarde se estaba poniendo cada vez mejor, teníamos que estar de
vuelta a las 19:15-19:30 y eran las 17:00 y todavía nos quedaba un tramo largo
hasta llegar a la otra comunidad. Estuvimos como 20 minutos por la carretera
buscando un taxi entre la lluvia. Finalmente encontramos uno que nos acercó a
la zona, pero no al sitio exacto… yo iba pensando que Augustin conocía el lugar
por el que llegar a la casa, pero resulta que él iba pensando lo mismo de mi.
Pues bien, cuando nos paró el taxi caminamos durante otros 20 minutos para
llegar a la zona. Una vez allí, a mi me sonaba una de las calles, así que decidimos subir por ella.
De nuevo, no fue una buena idea. Y es que cuando la suerte no está de tu parte…
total, que nos perdimos (guiados por mi). Después de más de 30 minutos dando
vueltas (sin poder llamar a nadie, porque el que no lo tenía apagado, lo tenía
roto) cuando el cansancio y el cabreo se juntaron para dar paso a la
desesperación, apareció como de la nada a mi derecha, la tienda en la que
semanas atrás había estado comprando desodorante. tras ubicarme, fuimos corriendo hasta la casa de las chicas. Llegamos a
eso de las 18:30 (un viaje que se tarda 30 minutos como mucho en hacer, lo hicimos en 2
horas y 30 minutos). Llamamos, estaba en su casa la modista, por lo que las
saludamos, dejamos las cosas que habíamos ido a llevar, descansamos 5 minutos y
nos fuimos.
·
Tiempo de viaje: 2h.30min. aprox.
·
Tiempo de estancia en el destino: 15 min. como
mucho
Nuestra aventura todavía no había acabado, porque como dije
antes, tenía que estar de vuelta sobre las 19:30 para la cena y eran las 19:00 cuando cogimos el
taxi. No pillamos atasco excepto en una rotonda. El taxista decidió dar un
rodeo pesadísimo por caminos de cabras, para evitar el tráfico. Cuando llegué a
casa eran las 19:45, pero afortunadamente no habían empezado a cenar. Cenamos
todos juntos, me duché y me metí en la cama, estaba agotado.
Ahora me entendéis si digo que la tarde fue:
¡¡¡CALAMITY!!!
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